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CÓMO LOGRAR LA FELICIDAD

 


La parábola de “El círculo del 99”

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente que era feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones. Un día el rey lo mandó a llamar
• Paje-, le dijo, -¿Cuál es el secreto de tu alegría?
• No hay ningún secreto, Alteza.
• No me mientas paje.
• No le miento Alteza. No guardo ningún secreto.
• ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Por qué?
• Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además, su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos. ¿Cómo no estar feliz?
• Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar!. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado!
• Pero Majestad, no hay secreto.
• Vete. ¡Vete antes de que llame al Verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz, viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de la sobra de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversacion de la mañana.
• ¿Por qué él es feliz?
• Ah Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
• ¿Fuera del círculo? A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
• Así es.
• ¿Y qué círculo es ése?
• El círculo del 99.
• Verdaderamente, no entiendo nada.
• La única manera para que entendiera, sería mostrártelo en los hechos.
• ¿Cómo?
• Haciendo entrar a tu paje en el círculo.
• ¡¡¡Eso!!! Obliguémoslo a entrar.
• No Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
• Entonces habrá que engañarlo.
• No hace falta su Majestad. Si le damos la oportunidad él entrará solito, solito.
• ¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
• Sí se dará cuenta.
• Entonces no entrará.
• No lo podrá evitar.
• ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
• Tal cual Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?
• Sí.
• Bien, esta noche le pasaré a buscar. Debe tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
• ¿Qué más?
• Nada más que la bolsa de cuero Majestad. Hasta la noche.
• Hasta la noche.
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje.
Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía “este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie cómo lo encontraste”. Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban detrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta y entró. El sabio y el rey se arrimaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!
Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacía brillar la luz de las velas sobre ellas. Las juntaba y desparramaba. Así, jugando y jugando, empezó hacer pilas de 10 monedas. Una pila de 10, dos pilas de 10, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras se sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: 9 monedas!!!
Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
• Me robaron –gritó- Me robaron malditos!!!
Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba: “sólo 99 monedas”, “es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. 99 no es un número completo –pensaba- 100 es un número completo, pero 99 no!!!
El rey y su asesor miraba miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el seño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados.
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguno de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.
Luego tomó papel y pluna y se sentó hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número 100?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más.
Con 100 monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con 100 monedas de oro un hombre es rico.
Con 100 monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaba lo necesario.
“Doce años es mucho tiempo”, pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en el Palacio a las 5 de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo!
Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho cuanto menos comieran, más comida habría para vender.
Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificio llegaría a su moneda cien.
El rey y el sabio volvieron al Palacio. El paje había entrado en el círculo del 99.
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando, de pocas pulgas.
• ¿Qué te pasa? Preguntó el rey de buen modo.
• Nada me pasa, nada me pasa.
• Antes reías y cantabas todo el tiempo.
• Hago mi trabajo ¿No? ¿Qué querría su Alteza que sea su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
No es agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Sin trabajo el paje no supo que hacer. Le costó muchísimo el cambio de vida por lo que lloraba todas las noches quejándose de su mala suerte. Hasta que un día resolvió que debía aceptar su nueva condición y buscar otro trabajo. Lo logró, sin embargo cuando se convenció, por sus reflexiones, que no le quedaba otra alternativa y se repitió innumerables veces que podría ganarse la vida de otro modo, cosa que le resultó más fácil imaginándose trabando en enseñar a los niños como servir a la gente noble, cosa que había aprendido por su oficio de paje del rey. Aunque no le gustaba el trato con niños, se esforzó tanto viisualizando que estaba al frente de ellos y que se sentía cómodo y feliz, que terminó por resultarle no desagradable la tarea. Al fin encontró a varios padres que querían convertir a sus hijos en futuros pajes, los convenció que el podría enseñarles como comportarse si le daban un a pequeña compensación, que logró ganarse la vida de ese modo y le fue mejor, sintiéndose plenamente realizado.

Moraleja
Tu y yo, y todos nosotros hemos sido educados con esta estúpida ideología. “Siempre nos falta algo para estar completos... siempre hay que estar alcanzando, logrando, completando... y sólo... sólo después de alcanzar, lograr, completar es que se puede gozar de lo que se tiene”. Por lo tanto, nos enseñaron que “la felicidad deberá esperar a completar lo que falta... “ y como siempre nos falta algo (si no lo creemos así nosotros, alguien se encarga de hacernoslo creer), la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero, que pasaría si la LUZ llegara a nuestras vida y nos dieramos cuenta, que nuestras 99 monedas son el tesoro completo, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que todo es sólo una trampa, puesta frente a nosotros para que seamos infelices, para que jalemos del carro, cansados, mal humorados o resignados. Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual... eternamente igual! ¡Cuántas cosas cambiarían si pudieramos y supiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están hoy.
Es bueno también tener en cuenta que nunca hay que rendirse ante las dificultades por grande que parezcan y que siempre se puede salir adelante cuando se cree con firmeza. La fe mueve montañas.
Pero para lograr esto se hace necesario tener una vida interior –espiritualidad- de algún movimiento, y por lo tanto, saber por lo menos reflexionar o meditar y saber tomar resoluciones costosas. De esa cuestión y en especial de ponerlas en práctica se tratará ahora.
Se pueden advertir en esta parábola tres actitudes que constituyen el meollo de la espiritualidad:
El paje o sirviente 1) contempló gozoso las monedas de la bolsa dejada en la puerta de su casa.
2) meditó sobre lo que debía hacer para recuperar o reemplazar la moneda que le faltaba y cuando el rey lo echó de su servicio.
3) visualizó todos los placeres que se daría con su nueva fortuna. Y cuando el rey lo echó reforzó su voluntad para vencer todos los obstáculos que le sobrevinieron y reforzó la decisión de sacrificarse para hacer otro trabajo aunque no le gustara. Sobre estos tres aspectos se reflexionará ahora.

El problema de ser feliz
El problema de la felicidad se origina en el hecho de que somos seres duales: estamos construídos con dos principios diferentes: a) la razón que busca el bien racional y la pasión o sensibilidad que se dirige al placer sensible. Somos horizonte entre dos mundos, hombres y bestias simultáneamente, santos y pecadores. Se trata del dicho de Pascal , “el corazón tiene razones que la razón no conoce” y de Bordeaux , “hay hombres que viven como piensan y otros que piensan como viven”... Para ser feliz hay que vencer la tendencia al placer incontrolado, lo que supone suscitar una tendencia racional permanente, o sea el problema del autocontrol. ¿Cómo podemos dominar nuestras pasiones?

Dos formas de vida
El hombre tiene dos formas de vida: la vida activa o dirigida hacia el exterior, hacia fuera; hacia la acción. Es la persona que obra continuamente y casi sin pensar. Y la vida contemplativa enfocada hacia dentro de uno mismo, hacia el espíritu que busca sobre todo conocerse a sí mismo y a las cosas. El ermitaño es el mejor ejemplo del hombre contemplativo. El contemplativo tiene una intensa vida interior. Cuando uno tiene una vida interior se habla de tener vida espiritual.. Si ella es intensa y no es caótica o divergente sino que está dirigida por un ideal se da una espiritualidad. Espiritualidad significa, entonces, tener una vida interior orientado hacia un fin propuesto de un modo intencional con la disposición a aceptar sus consecuencias. Es decir vivir reflexivamente de un modo organizado, armonioso y metódico, extrayendo todas las consecuencias de la finalidad que se persigue. El hombre tradicional que tenía escaso dominio del mundo por su técnica muy rudimentaria, tenía una profunda vida interior. A medida que el hombre fue desarrollando su capacidad de controlar el mundo gracias al desarrollo de la ciencia y su unión con la técnica luego de la industrialización, empezó a vivir más para afuera que para adentro, a tener más una vida activa que una vida contemplativa.
Para que el hombre pueda lograr el autocontrol y por lo tanto dirigir su vida según lo enseña la razón y lograr la felicidad, se hace necesario tener una intensa vida interior. Ese es el secreto. Ella implica tres pasos, momentos o comportamientos diferentes.

Tres momentos de la vida interior

Se puede decir que las tres etapas por las que pasa la vida interior son las siguientes:
a) La contemplación
b) La meditación
c) La visualización

La contemplación
Contemplar es la captación gozosa de un ser en sus tres aspectos de verdad –como es- de belleza –el placer estético que produce- y de bondad –el bien que nos hace-. Es un detenerse a ver, oír, sentir, oler, tocar o contactar. Es admirar , aprehender lo que tiene de bueno, bello o verdadero un ser, es asombrarse de sus rasgos, maravillarse de su singularidad. Es un estar saboreando o gozando, gustando de lo que se percibe o capta.
Según el Dic. Jakson consiste en atender a objetos exteriores, que exceden los límites de nuestro horizonte visible; se contempla la inmensidad del mar, lo majestuoso de un cielo estrellado, el ritmo y la tranquilidad de la naturaleza en calma, lo infinito en cualquier manifestación, etc. Al contemplar observamos las manifestaciones de lo suprasensible o convertimos nuestra meditación al exterior. Se medita sobre la verdad de las cosas y se contempla las manifestaciones de las cosas mismas. En la contemplación que tiene un carácter predominantemente (y a veces exclusivo) receptivo, entra un elemento de admiración, contrario al espíritu y tendencias de la reflexión científica, que requiere, ante todo, para formular con discreción sus juicios, cumplir la ley de la circunspección y conservar la serenidad del ánimo, sin la cual el juicio no se concreta distintamente. (Nihil mirare). Asi, la contemplación que se aplica principalmente a lo bello y a sus manifestaciones, es antecedente de la reflexión, pero no la reflexión misma, que aparece después que el elemento emocional y contemplativo ha disminuido o ha entrado en equilibrio y concierto con nuestras facultades perceptivas. La contemplación es por tanto emocional, y el juicio es operación del entendimiento, se trata de un acto racional. Se nota esta tenue, pero real distinción, cuando nos proponemos formar juicio o apreciación de una obra artística, que nos emociona honda e intensamente. Mientras la emoción no ha decrecido y el entusiasmo no pierde sus primeros e irreflexivos hábitos, no se acentúa la perspicuidad del juicio, ni se presenta circunstancia favorable ninguna para la reflexión. Los dos momentos de la contemplación y de la reflexión son necesarios al juicio estético, y ningún crítico de Arte entiende, por delicado que sea su gusto estético, que puede, por ejemplo, formar un juicio desapasionado, o una crítica certera de una ópera o de una drama con la primera audición de aquella o con la primera lectura de éste. Todo ello implica que de los dos momentos, el primero, el de la contemplación, es espontáneo, y el segundo, el del juicio, reflexivo. Bien claramente señala los momentos del juicio estético Goethe, cuando dice que, al entrar en Roma y al contemplar la inefable magnificencia de sus monumentos y Museos, se sintió sobrecogido y dominado por un silencio pitagórico, y que más tarde, cuando fue repitiendo sus visitas y cedía aquel entusiasmo momentáneo de los primeros momentos, logró dominar sus impresiones, convertirlas en materia de juicio y exponerlas reflexivamente.
Olvidado de sí, y como enajenado en la contemplación, el espíritu puede llegar a una abstracción de sí mismo, y aun de todo lo que le rodea, excepto aquello que contempla, que se convierta al éxtasis y deliquio del místico, todo ello efecto de la pasividad que caracteriza a los límites extremos de nuestras emociones.
Se trata de un acto, se puede decir, espontáneo, fácil , natural, que no conlleva ningún esfuerzo y que con frecuencia realizan los niños, pero que el hombre moderno, influido por su intensa vida activa dirigida al control del mundo la ha perdido. Implica el uso o ejercicio de los sentidos. La contemplación produce la más auténtica felicidad. Para los cristianos la máxima felicidad tiene lugar cuando el hombre contempla a Dios. Ese acto se llama beatitud y sería el placer sumo dado que Dios es el supremo ser, dueño de la bondad, belleza y verdad perfecta. La contemplación implica captar la verdad, la bondad y la belleza de un ser. Captar la verdad supone el conocimiento o descubrimiento de los misterios que encierran los seres, de lo que está encubierto y no lo conocemos. Cada vez que descorremos el velo de la ignorancia y conocemos una verdad, solemos sentir el goce de contemplar la verdad, de ir reduciendo nuestra ignorancia. Eso explica la actitud gozosa del sabio griego Arquímedes quien, mientras se bañaba descubrió una ley física: el empuje que el agua produce sobre todo cuerpo sumergido. Fue tal su placer que sólo atinó a salir corriendo desnudo y a gritar “eureka” que significa “lo encontré”. Contemplar la belleza de los seres resulta algo cada vez más ausente y desconocido por el hombre moderno. El valor de las obras de arte reside en el hecho de ser bellas y en el goce que produce su contemplación. Ocurre sin embargo, que el hombre moderno gasta millones de dólares en comprar famosas pinturas –hace poco se ha pagado 104 millones de dolares por una obra de Picasso- y en vez de dedicar buena parte de su vida al goce de contemplarlas, las guarda bajo llave sin que nadie las pueda ver. Evidentemente se produce una mistificación o estafa. Se dice que se compra por el valor artístico para simular una cierta aptitud o capacidad cultural, ocultando que en realidad se trata de una maniobra financiera. Se invierte en obras artísticas con la esperanza de obtener ganancias económicas y no por el goce estético que suscita una obra bella.
Hellen Keller, una mujer que a los pocos meses de su nacimiento quedó ciega y sorda ha escrito unas admirables páginas que implícitamente se refieren a la contemplación. Comienza afirmando que sería una bendición si todo ser humano al comienzo de su juventud se quedara ciego y sordo por unos pocos días. La oscuridad le haría apreciar más el don de la vida y el silencio le enseñaría los deleites del sonido.
Hace poco, agrega, pregunté a una amiga que había paseado por el bosque qué había visto: “nada en especial”.
¿Cómo es posible caminar durante una hora por el bosque sin ver nada digno de ser contado?, pensé. Si Dios me devolviera la vista contemplaría llena de asombro el magnífico espectáculo de luz con que el sol despierta a la tierra durmiente.
Visitaría los museos de arte. Conozco bien a través del tacto las figuras esculpidas de los dioses y las diosas del Antiguo Egipto, he palpado con los dedos reproducciones de los frisos del Partenon, y percibido la grácil belleza de esculturas de guerreros en acción. Al amanecer de cada día intentaría descubrir otros deleites y otras manifestaciones de la belleza. Veo sonrisas y me siento feliz. Veo sufrimiento y me aflora la compasión. Estoy seguro de que si ustedes estuvieran a punto de quedarse ciegos usarían los ojos como jamás lo han hecho, descubrirían lo que en realidad significa ver y un nuevo mundo de belleza se abriría ante ustedes.
Yo que soy ciega, tengo un consejo para los que pueden ver. Usen sus ojos como si mañana fueran a perder la vista. Y hagan lo mismo con los demás sentidos: escuchen la músicalidad de las voces, los trinos de los pájaros, los poderosos acordes de una orquesta, como si el día de mañana fueran a quedarse sordos. Toquen y acaricien cada objeto como si mañana fueran a despojarlos del sentido del tacto. Huelan el delicado perfume de las flores, deleitense con el sabor de cada bocado, como si nunca más pudieran volver a oler ni a paladear nada.
Disfruten al máximo sus sentidos; gocen, a través de los diversos medios de contacto con lo que los dotó la naturaleza, de todas las facetas del placer y la belleza que el mundo nos ofrece.
Con sorpresa el hombre moderno suele advertir que las cosas más placenteras del mundo son gratis. Una puesta de sol, un amanecer, el canto de los pajaritos, la belleza de las flores, percibir su aroma, el placer de comer y beber, el deleite de la buena música, el contacto con las cosas suaves etc.. Esto último se está perdiendo. La gente come nerviosa y apurada sin saborear la comida o lo hace mientras ve televisión. De este modo en vez de gustar el placer de la comida se concentra en las imágenes de la televisión pasando desapercibido el placer sensible de gustar el alimento. Dicen los especialistas que el buen vino hace gozar a todos los sentidos, la vista, el tacto, el gusto, el oído y el olfato. El hombre moderno no contempla la belleza del líquido, no huele su perfume, no saborea su gusto, etc. Comemos apurados, pensando en los problemas de la vida, pasando frente a las bellezas de la naturaleza urgidos por nuestros negocios y no gozamos con ella. Mientras el hombre tradicional disponía de tiempo al que se llamaba ocio, el que era dedicado a la contemplación, el hombre moderno padece de neurosis por exceso de acción y preocupaciones, el famoso estrés que arruina la vida e impide gozar las bellezas de la naturaleza. El hombre moderno vive en el frenesí de la acción, construir cosas, producir fenómeno, dominar la naturaleza y se olvida de lo más importante, gozar de lo que hace, dedicar algo de su vida a la contemplación.

El ocio y la contemplación
La contemplación es propia de la actividad ociosa. El ocio permite el placer de la contemplación. La actividad utilitaria que usa medios para lograr fines, está concentrada en los medios y no siente o percibe el placer que proporcionan los seres en sus diversos aspectos. El ocio no es haraganería o vagancia, sino el hacer gozoso y placentero que proporciona la contemplación. Otra paradoja moderna consiste en el hecho de que ahora se da más importancia a los medios que a los fines. Se vive para trabajar y no se trabaja para vivir. Se trabaja en realidad para tener ocio y con él gozar de lo valioso de la creación; en cambio ahora se tiene ocio para descansar y luego trabajar más y ganar más dinero. Pero ¿sirve la acumulación de riqueza para ser feliz? .
Todo artista, una vez finalizada la obra se dedica a gozar contemplándola. Se cuenta que Miguel Ángel después de haber terminado de esculpir su famosa obra el David, se alejó un poco y la contempló gozoso y en un arranque imposible de controlar desde lo más profundo de su ser exclamó: “habla!” dándole un golpe con el cincel. Quizo decir el gran artista, que su obra era tan magnífica que sólo le faltaba tener vida y por tanto hablar.
En resumen, contemplar es gozar aprehendiendo los valores de los seres con la imaginación, los sentidos y la inteligencia. Es captar lo que tiene de inteligible o verdadero, de bueno y de bello. Como se ha dicho la contemplación es un movimiento espontáneo que se ejecuta sin esfuerzo y que concede un puro deleite.
Modernamente se considera pecaminoso al ocio y se desprecia la contemplación como una pérdida de tiempo. Se sobreestima la utilidad como uno de los supremos valores. No tiene importancia lo que no es útil. La pregunta fundamental y primera cuando se conoce algo nuevo es ¿para qué sirve? Si no sirve para nada parece que no tiene valor. Es como si alguien se casara para obtener alguna utilidad –la esposa, por ejemplo, quien la proteja y mantenga y el marido para tener sexo fácil y cómodo- y no el placer del amor satisfeccho. ¿Para que sirve una madre vieja y enferma? Para nada, solo para dar el trabajo de cuidarla. Luego, ¿Debemos matarla?

La meditación
Mientras la contemplación supone el uso de los sentidos y de la inteligencia sólo para una captación espontanea y sin esfuerzo, cuando se trata de desentrañar la verdad oculta de los seres, de descubrir su sentido y los grandes fines de la vida, lo que implica encadenar pensamientos o razones para obtener silogismos que nos lleven desde lo conocido a lo desconocido, nos encontramos con el segundo momento de la vida espiritual que es el razonamiento o meditación. Meditar es reflexionar, enfocar una cuestión o problema desde todos los puntos de vista posibles, sacar consecuencias, descubrir semejanzas y diferencias. Implica por la tanto un esfuerzo. La meditación tiene por finalidad profundizar la importancia de ciertos valores y mostrarnos sus consecuencias en la vida. La meditación, por lo tanto, implica una actividad no una mera pasividad, un esfuerzo para actuar y descubrir las conexiones de los seres, sus fines y consecuencias. Implica una actividad y por lo tanto requiere un cierto costo o pena.. La importancia de la meditación reside en que no es fácil conocer como son las cosas. Nacemos sumidos en la ignorancia y los sentidos sólo nos dan una idea incompleta, externa y a veces falsa de los seres. Además con frecuencia las pasiones nos engañan y nos muestran reflejos equivocados de la realidad o simplemente la captamos mal o quienes nos rodean nos dan uma imagen inexacta o errada. Nos hace imaginar por ejemplo, que la felicidad está en el placer y no en el deber, que el esfuerzo para vencer nuestras pasiones es doloroso e imposible de hacer o que nos hará infelices. Suscita temores inexistentes, supone obstáculos irreales, plantea problemas que sólo existen en la imaginación. De modo que la gran tarea de la meditación consiste en limpiar el camino que nos conduce a lo verdadero y, por tanto, a la auténtica felicidad. Librarla de los abrojos y de los yuyos que nuestros vicios, defectos y malas inclinaciones, suscitan y nos crean o producen confusiones. Por ejemplo, los casados sólo ven los defectos del cónyuge y no sus virtudes, se imaginan que serán más felices separándose, pensando en los inconvenientes del matrimonio y en las ventajas de vivir independiente. Esto me hace recordar la sorpresa que se llevó una mujer casada cuando escuchó a una separada contar las angustias y los problemas producidos por la soledad de la separación. Además, solo piensan en sus virtudes que contraponen a las fallas de su consorte y no en sus propios defectos y limitaciones. Un contador había renunciado a su trabajo porque se sentía muy incómodo pero en su nueva función llegó un momento que debió ejecutar una serie de operaciones monótonas. El aburrimiento lo dominó y le dijo a su mujer que estaba cansado de su nueva ocupación. Su esposa al oír sus quejas le advirtió: ¿es que quieres volver a tu trabajo anterior? Cuando escuchó esta advertencia, el contador se dio cuenta de que se estaba equivocando y que era preferible padecer las monotonías del nuevo trabajo y no volver a los inconvenientes del anterior.
Debemos superar nuestro prejuicios, conocer a fondo lo que es bueno y malo y los medios conducentes y esto sólo es posible por la reflexión o meditación.

La motivación
Otra razón poderosa que explica la importancia de la meditación es la necesidad de motivar nuestros actos. Según Lindworsky (JCC, Fe...p. 232) la energía de un propósito no garantiza su ejecución; en cambio, el mantener presente el proposito durante el período principal asegura su cumplimiento aún contra los obstáculos más enérgicos. Si por fuerza de voluntad se entiende, dice este autor, una propiedad determinada de la voluntad, ella no existe o al menos no se puede comprobar, pero puede reemplazarse por el poder de los motivos. La voluntad difícilmente se fortalece por el ejercicio de vencimiento, salvo que éste pueda producir o aumentar la confianza en que se podrá cumplir lo propuesto. En tal caso en esto reside la fuerza de voluntad –en la confianza de que realizará su propósito- y no en su presunto desarrollo.
Según la opinión del vulgo aún el hombre más débil de voluntad puede convertirse en un héroe si está impulsado por una fuerte motivación. La experiencia enseña que muchos actos heroicos no han sido realizado por héroes de la voluntad sino por personas que, en un momento determinado, estuvieron poseídas de una fuerte motivación. Concluye Lindworsky que todo el que es capaz de comprender un fin elevado puede ser un héroe y llevar a cabo hazañas que sólo pueden esperarse de una voluntad enérgica, aunque no posea la propiedad general de la fuerza de voluntad. En resumen, el secreto de tener una gran voluntad reside en la habilidad para infundirse fuertes motivaciones.
Recomienda Lindworsky meditaciones sistemáticas sobre los complejos motivacionales como una de las formas más adecuadas de formar un ideal de vida que si está íntimamente enlazado con el comportamiento produce un motivo total de la mayor fuerza y grandísima facilidades de hacerse consciente. No es tan importante la intensidad de las sensaciones que se pueden experimentar como la de las imágenes, según que estas imágenes se unan en complejo o estén aisladas. La historia de los procesos de los herejes y de otros ajusticiados narran, a veces, la tolerancia voluntaria de dolores increíbles, que no han de explicarse por una fuerza de voluntad especial de las víctimas, sino por el funcionamiento de extraordinarios motivos. Los espartanos hicieron del tolerar dolores un verdadero deporte y la vanagloria era el motivo confortante.
Supongamos un estudiante a un mes de su examen. Es muy probable que estudie muy flojamente y que por cualquier nimiedad deje los libros. Hasta estará buscando pretexto para hacerlo: “total –se dice- tengo tiempo de sobra hasta la fecha del examen”. Obsérvese que no analiza con detenimiento si realmente el tiempo le alcanzará, ni se fija in serio programa diario de estudio. El deseo de divertirse, pasear, salir para no estar siempre encerrado, etc. –tendencias atractivas- le ciegan y le oscuresen la visión de las consecuencias. Y él tiene un argumento que lo justifica y le tranquiliza la conciencia: total el tiempo le sobra.
Pasemos al cuadro siguiente. Tiene lugar después, ya muy cercano a la fecha de examen. De golpe se percata que el examen se le viene encima, que tiene muy poco estudiado y que el tiempo ya no le alcanzará. Agreguemos que el tal estudiante tiene, como el común, una mínima dosis de responsabilidad y ya tenemos todos los elementos del acto heroico, de la increíble hazaña que se va a desarrollar y que quien conoce a los estudiantes habrá tenido infinidad de veces, oportunidad para comprobarlo. El estudiante interrumpe bruscamente sus pasatiempos, se encierra en su alcoba, casi no come, incluso, si es necesario, se priva del sueño, toma estimulantes para estar despierto y fortificar la memoria, estudiando como un desorbitado. Si alguien lo viera en este trance, diría asombrado: “qué fuerza admirable de voluntad”. Y no hay tal, su voluntad sigue igual como hace un mes, cuando era incapaz del menor esfuerzo para estudiar, ni ha habido cambio alguno en su persona. ¿Qué ha pasado entonces? Simplement que el valor del estudio –sus consecuencas- se ha puesto en evidencia en toda su magnitud. Percibe con meridiana claridad, lo que le pasará si no estudia. El motivo ha adquirido por sí mismo, toda su potencialidad operativa.
Otro ejemplo. Una persona, fumador empedernido, resuelve dejar de fumar por múltiples razones: salud, higiene, economía, estética, etc. A la primera tentación fracasa miserablemente y así varias veces hasta que desalentado por sus reiteradas claudicaciones y su débil voluntad, abandona la empresa. Pasemos ahora a la siguiente escena: un día se siente muy mal. El médico luego de examinarlo le prohíbe terminantemente el cigarrillo por ser la causa de sus males y le advierte incluso que basta reincida una vez en el vicio para que se produzcan consecuencias irreparables. Y el milagro: el fumador consuetudinario abandona por completo a su indeseable compañero por inseparable que haya sido. Así pues, en el primer momento, las consecuencias del cigarrillo por lejanas y aleatorias no pudieron producir una fuerte tendencia racional que contrarrestara el hábito o tendencia hecha natural. De fumar. La visión valorativa de las consecuencias no era plena. El fumador no se imaginó vivamente y como seguras las consecuencias. Pero actualizadas por sí solas, la vio sin necesidad de poner nada de su parte y aun contra su voluntad y ejerció su poderosa influencia. Por lo tanto, queda claro que, la forma de lograr el autodominio consiste en proveerse de adecuadas motivaciones, es eso y no una supuesta gran fuerza de voluntad la que produce los grandes hazañas de la vida
Se puede decir que el hombre tiene dos potencias, la voluntad producto del ejercicio de la inteligencia o razón y las tendencias innatas o naturales– que suelen denominarse erroneamenre como instinto- mas las tendencias derivadas por la sensibilidad o emotividad que se ponen en movimiento por medio de las sensaciones e imaginación. El hombre obra, en consecuencia, por dos fuerzas muchas veces antitéticas que luchan por imponerse, la voluntad y las tendencias naturales y las derivadas o sensibles La inteligencia, a su vez, es puesta en acción por razones o motivos que suponen argumentos o razonamientos que revelen un mal o perjuicio que se repele o un bien que atrae y lleva a poseerlo. De modo que la voluntad actúa normalmente con cierta lentitud, flojedad y dificultad ya que su puesta en movimiento implica un previo razonamiento que ponga de manifiesto el bien a gozar, lo que supone una confrontación con otros bienes posibles de obtener con los que puede entrar en conflicto y con el mal que cuesta su logro o costo de adquisición. Solo luego de ese acto intelectivo se origina el volitivo y se produce una decisión cuyo poder depende de la intensidad de la motivación. Se trata de una operación de cierta complejidad que necesita tranquilidad de ánimo y una seria decisión de llevarla a cabo, pese a la presión de los impulsos sensibles antagónicos.
En cambio, la sensibilidad obra por simples estímulos -o sensaciones- sin necesidad de otro procedimiento, por lo que actúa más fácil y rapidamente. Esta consideración es importante porque pone de manifiesto la desigualdad de actuación de las dos tendencias, es decir, la desventaja que afecta a la voluntad. Mientras las tendencias sensibles, como se ha dicho, se despiertan automaticamente por imágenes o sensaciones, la voluntad exige ser motivada por la reflexión, un paso que confrecuencia no se da cuando se está a merced de un deseo sensible inconveniente.
Otra desventaja de la voluntad o tendencia racional es que para alcanzar fuerte intensidad necesita normalmente una reflexión profunda que muestre todas las consecuencias de los bienes en juego. En cambio las tendencias sensibles o naturales brotan espontaneamente con gran fuerza con solo el estímulo de la sensación o de la imagen correspondiente. Resumiendo, mientras las tendencias naturalez brotan instantanea e intensamente al solo conjuro de las imágenes o sensaciones, las tendencias racionales solo se despiertan normalmente luego de un razonamiento no automático sino deliberado y lo hacen con bajo poder. Mientras en las tendencias naturales al estímulo sigue inmediatamente la respuesta automática, en las racionales al estímulo debe seguir un razonamiento que revele la potencialidad del bien para que haya una respuesta eficaz. Esto queda claro con algunos ejemplos. Se piensa o se ve un cigarrillo, un rico postre, etc. El placer de su consumo es inmediato y la tendencia brota de inmediato y en forma poderosa. En cambio, las enfermedades que pueden provocar solo se advierten luego de un razonamiento que puede no hacerse o solo se realiza de un modo superficial por lo que no muestra toda su capacidad dañosa y la tendencia que surge es lenta para desarrollarse y de débil intensidad, por lo que cuesta triunfar sobre las tendencias naturales.
De ahí la gran fuerza de las tendencias sensibles y la debilidad de la voluntad por su exigencia de un previo razonamiento que ponga en evidencia el bien que proporciona el acto que persigue, no solo para que se despierte, sino también para que obtenga toda su intensidad.. Y también, por la misma razón, queda claro la imperiosa necesidad de cuidar el ambiente dado que suscita tentaciones inmediatas y fuertes para obrar mal y también estímulos para proceder bien.

La fe

Para compensar las desventajas de la voluntad, -lentitud, complejidad y debilidad de su aparición-, y poder luchas con éxito contra las tendencias emocionales o sensibles, se puede recurrir a diversas tácticas, como: 1) aprovechar el poder del subconsciente: 2) suscitar una fuerte fe en nuestras posiblidades; 3) visualizar en estado de relajación y en forma repetida los actos que se desean ejecutar. A continuaciones se examinará estos tópicos.
Un elemento fundamental para ser dueño de uno mismo, como se acaba de explicar, es saber suscitar la fe en la capacidad de lograr lo que se quiere, cosa que se puede lograr por la meditación. Podemos decir que la fe consiste en la capacidad de vencer las dudas. No es tanto el no tener dudas como el saber vencerlas. Por lo tanto hay que forzar la voluntad a adherirse a una decisión, porque uno se encuentra ante una cierta inseguridad. La fe es creer a pesar de las dudas. Es una duda continuamente superada. La fe es una conquista, tiene como duro precio la lucha permanente. La fe es como un salto al vacío que sólo se realiza por la confianza que uno va desarrollando poco a poco.
El hombre no puede vivir sin fe. De hecho, continuamente estamos haciendo en la vida diaria actos de fe. Todas las grandes decisiones son obras de fe. El matrimonio es un acto de fe porque se confía en que el amor vencerá las dificultades. Seguir una carrera es un acto de fe. Se cree tener vocación y que se tendrá éxito en la vida con la carrera elegida. Poner un negocio es un acto de fe, quien lo hace cree que le irá bien. Los actos de fe son frecuentes y normales e imposibles de no hacer porque todos los días debemos tomar decisiones que se refieron al futuro y el futuro es contingente y por lo tanto no podemos tener la absoluta certeza de que uno no se va a equivocar y no se puede dejar de tomar decisiones so pretexto de equivocarse porque esta es la peor de las equivocaciones.
La importancia de la fe es enorme y fundamental para el éxito de la vida. Es la causa principal del éxito. Nada de valor se ha hecho sin fe, y todos los fracasos son una consecuencia directa o indirecta de la falta de fe. La fe convierte en realidad lo creído. La fe obra como una predicción: somos lo que creemos que somos y podemos lo que creemos que podemos. El que se cree vencido está vencido y el que cree que logrará el éxito tiene el 51% de la victoria asegurada. Se ha dicho que querer es poder pero más exacto es afirmar que creer es poder, porque el que quiere y no cree no puede, en cambio el que cree quiere y puede. No es exacto que en la confianza está el peligro sino en la presunción. En realidad, en la confianza está el éxito. Como ha dicho Cristo: “Todo es posible para el que cree”.
William James, el famoso psicólogo americano sostuvo que el hombre sólo pone en acción entre el 10 y el 20% de su capacidad de acción. Somos como un automóvil construido para llegar a 180 km y sin embargo nuestra velocidad no pasa de 30 ó 40 ¿a qué se debe? Fundamentalmente por falta de fe. Que esto es así lo comprueba lo que puede realizar un hombre hipnotizado cuando se le sugiere que efectúe actos que en el estado normal le es imposible hacerlo.
El problema de la fe consiste en cómo lograrla o poseerla, cosa que verdaderamente no es fácil. Esto se soluciona mediante la meditación frecuente y la visualización, cosa que se verá enseguida. Se debe reflexionar sobre el fin propuesto y sobre nuestras capacidades. Los ejemplos dados más arriba sobre la forma de suscitar motivación es la misma que produce la fe. Debe advertirse que se logra la mayor motivación o fe cuando se trabaja con la imaginación.

La visualización

Visualizar es imaginar lo más fielmente y vívido posible un comportamiento determinado. Los hombres frecuentemente visualizamos de un modo automático e involuntario una serie de comportamientos. Cuando nos cuentan que ha ocurrido un accidente de auto nos imaginamos el terror que sufrieron los accidentados, visualizando como si fueramos nosotros a quienes les ocurrió el siniestro. Pensamos que estamos en el volante, que el auto se nos escapa al control, que intentamos frenar, nos vemos volcando, sintiendo el dolor y viéndonos heridos, el auto destrozado y nuestros acompañantes golpeados y lastimados, etc
. Ahora bien, no basta conocer lo que es bueno, es necesario quererlo con fuerza suficiente como para vencer las inclinaciones que se oponen a su realización. Ya he se ha dicho que somos seres duales. Como dice S. Pablo, “Video meliore proboque, deteriore sequor”, o sea, veo el bien y lo quiero, pero sigo el mal que detesto”. Se trata, pues, de conseguir que se quiera lo bueno y esto se puede lograr con la visualización repetida. La visualización es un medio muy importante para el autocontrol y el dominio de nuestras acciones. Lo utilizan con frecuencia, entre otros, los deportistas. De Vicenzo solía recordar que lograba sus mejores golpes cuando conseguía imaginar clara y profundamente que la pelota que iba a golpear se dirigía y entraba en el hoyo. El jugador de fútbol que va a patear un penal se imagina que la va colocar en el ángulo lejos del arquero y así ocurre. Si en cambio piensa que la pelota va ir afuera, termina por ejecutar mal la jugada. Lo mismo ocurre con los estudiantes que van a rendir examen. El que cree que va aprobar aprobará, el que cree que se va a poner nervioso y que no recordará lo que debe decir, olvida lo estudiado y es aplazado. De modo semejante cuando se va hablar en público, el que se imagina que se pondrá nervioso, temblará y hablará mal, pronunciando un discurso lastimoso. Si en cambio cree que expondrá bien, habla como los dioses.
Para conocer bien las consecuencias de la visualización se debe tener presente la influencia del subconsciente. Se llama subconciente aquella parte de nuestra mente que conserva las experiencias vividas que no están en el campo de la conciencia actual.

Importancia del inconsciente

Uno de los grandes descubrimiento de Freud es que el inconsciente –o subconsciente, que para el caso es lo mismo- es dinámico y que influye sobre el consciente, es decir, sobre nuestra vida, sin que nos demos cuenta. Todas nuestras experiencias no se pierden sino que pasan al inconsciente,-o subconsciente- se van acumulando y desde allí influyen sin que nos demos cuenta en nuestras acciones. Cristo solía decir, “de lo que está lleno el corazón habla la boca”. Si somos malos hablamos cosas malas; si somos buenos decimos cosas buenas. Un ejemplo impresionante de la influencia del subconciente lo proporciona Coué. Este psiquiatra francés enseñaba a sus pacientes neróticos que padecían inseguridad, a repetir continuamente, “cada vez me va mejor desde todo punto de vista”, sin importar si uno prestaba atención o no a lo que decía. Si la repetición era lo suficientemente prolongada la persona terminaba por sentirse bien y superar sus miedos y temores. Esto explica la razón por la cual la Iglesia nos enseña la oración vocal. Se dice que mientras se la reza no se atiende ni piensa en su sentido por lo que es un esfuerzo inútil y sin sentido. Al margen de negar su valor sobrenatural, esta objeción olvida la importancia del trabajo del subconsciente. Ella pasa a ocupar un lugar en esa zona mental y sin que lo advirtamos funcionará cuando la ocasión sea propicia. Cuando nos encontremos aflijidos y confundidos, el mensaje que mandamos a nuestro mente reaparecerá para darnos confianza y tranquilidad. Así como uno se sosiega si repite que “cada vez está mejor”, algo semejante ocurre cuando se pide”que se haga la voluntad del Padre Celestial” o se implora a la Virgen que “ruegue por nosotros, pecadores...”
Laburu enseñó a su vez la importancia de luchar de a poco contra una tendencia indeseable. Explicó como logró vencer el temor de una mujer a los sapos. Le hizo imaginar que estaba viendo un sapo, esto le costó horrores a la mujer, pero habiendo sido tranquilizada por Laburu ya calmada por sus palabras convincentes, consiguió por fin vencer el miedo e imaginarse un sapo. Logrado esto introdujo un sapo en un frasco, lo puso a unos quince metros de distancia y le dijo a la mujer que lo mirara. Le costó muchísimo, pero después de convencerla que el sapo no le podía ocasionar ningún daño porque estaba encerrado en el frasco, consiguió que lo mirara. Gradualmente fue acercando el frasco con el sapo hasta que logró ponerlo al frente de la mujer. Entonces le dijo que tomara el frasco con sus manos. Después de algunos esfuerzos, la mujer consiguió hacerlo. Lo último fue sacar el sapo y ponérselo en la mano de la mujer. De este modo paulatino, mediante una serie de visualizaciones de un comportamiento temido, Laburu consiguió vencer el miedo de una persona. Se trata del viejo dicho: “atrévete y vencerás”.
El poder de la sugestión es tremendo, nos puede cambiar la vida. Se sabe que el colmo de la sugestión es la hipnosis. Si a la persona hipnotizada se le sugiere cualquier cosa, lo cree y actúa en consecuencia. Si se le dice que puede levantar una bolsa de cincuenta kilos, la levanta; si se le sugiere que hace 5 grados bajo cero, tirita de frio; que hace cuarenta grados de calor, empieza a transpirar, etc. Puede recordar cosas que hizo o presenció ocurridas hace muchos años y desarrollar destrezas inexistentes. Como no es posible vivir hipnotizando a la persona, el secreto del autodominio radica en lograr pequeñas autosugestiones insinuándose los rasgos que se desea poseer: soy valiente, estoy tranquilo, recuerdo bien, soy capaz de...etc.. Para autosugestionarse es necesario relajarse e imaginarse lo más vivamente posible el comportamiento que se quiere tener. Si por ejemplo se está por hablar en público y se tiene miedo de ponerse nervioso, se deben hacer varias sesiones de visualizaciones imaginandose que se está frente a un público, que se habla y se está tranquilo. El éxito depende de la cantidad de visualizaciones, de la intensidad de la relajación y de la vivacidad de la imagen. Cuando uno está más relajado y la imagen es más vive puede ser necesaria solo una o muy pocas visualizaciones.
Se sabe que las verrugas se curan con sugestión.
Un bibliotecario de la Facultad de Derecho de Tucumán, muy aprehensivo mejoró enormemente su comportamiento siguiendo los consejos de Coué. Después de almorzar se acostaba una hora y se repetía continuamente que cada vez estaba mejor.
Por mi parte, hacía más de cincuenta años que no jugaba al billar, no obstante conseguí introducir varias bolas en la tronera imaginando antes de efecutuar el tiro que allí irían.
La influencia de la sugestión y el poder del simbolismo se ponen de manifiesto en la ceremonia del fuego que hace el movimiento Vida, para inducirnos a perdonar a quienes nos ofendieron. Si uno se esfuerza por vivir la ceremonia lo ayuda mucho a obtener la fuerza para perdonar.
La contemplación, aunque parezca extraño lleva a la acción. Con frecuencia los contemplativos resultan los más activos, sostiene Leclercq. Y, sobre todo, produce la vida mixta que según S. Tomás es la ideal.

LA RELAJACIÓN

El secreto de una buena visualización consiste en imaginar lo más vivamente posible las ocasiones en que queremos comportarnos de determinada manera y asociarlas con los motivos apropiados, cuidando que el propósito, el comportamiento y el motivo se repitan muchas veces (JCC, Fe, página 233), a fin de que se graben y dispongan o queden preparados a hacerse conscientes cuando convenga, o sea, es importante grabar nuestras resoluciones y razones de modo de que sean fácilmente evocados e incluso de un modo espontáneo cuando ocurra la ocasión apropiada. Lindworsky sostiene la conveniencia de practicar como si se tuviera el sentimiento que se quiere. El obrar en el sentido de un motivo, el hacer como si se lo tuviera, tiene la gran ventaja de ofrecer ocasión para reconocer los valores y las ventajas externas de este comportamiento. Para que sea más efectiva debe ir acompañada de la relajación, esto se explica dado que cuando se está relajado lo imaginada penetra más facilmente en el inconsciente y desde allí ejerce su influencia en la vida diaria.
Por lo tanto el secreto de la educación de la voluntad reside en el cultivo de los motivos y en la capacidad de dominar los pensamientos para lo que es conveniente tener un ideal y meditar frecuentemente sobre él, cuidando sobre todo la imaginación. Porque de este modo cargamos a nuestro inconsciente que hará brotar en el momento oportuno la tendencia con la cual la hemos alimentado. Como dice Cristo: De lo que está lleno el corazón habla la boca. O sea, lo que tiene el inconsciente brota y se derrama sobre el consciente
Como se ha explicado, la relajación juega también un importante papel en el domnio de si mismo ya que contribuye a influyir sobre el inconsciente y fijar mejor los mensajes que se envían. Quien consigue una gran relajación se encuentra en una situación de prehipnosis o alta sugestionabilidad, por lo que los pensamientos que se proponen se fijan más facilmente en el inconsciente y luego se convierten más facilmente en hechos reales..
Igualmente y por la misma razón es importante en la oración. Los especialistas recomiendan para que la oración sea más efectiva realizarla en estado de relajación, el P. Jallik sostiene que si alguien dispone de 20 minutos para rezar es preferible emplear 18 minutos en relajarse y recién los 2 minutos restantes a la oración y no rezar los 20 minutos en estado de tensión. Aunque él no lo dice expresamente la razón de este hecho se funda en que la persona tensa tiende a hablar y no a escuchar. Y la oración es un diálogo entre el hombre y Dios donde el papel fundamental lo tiene a Dios. Es el hombre el que debe oír a Dios, más que Dios escuchar al hombre. Y cuando una persona está tensa habla mucho y no escucha. Diversos estudios han puesto de manifiesto que los místicos que lograban un intenso contacto con la divinidad sólo lo efectuaban en estado de relajación.

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ESPIRITUALIDAD DE VIDA

NOCIÓN

Implica vida interior, reflexión, criticar o fundamentar las razones por las que se toma una posición intelectual. Tener espiritualidad significa vivir mucho para adentro, tener una gran vida interior, ser muy reflexivo, que argumenta y cuestiona todo lo que vive. Supone que no se acepta nada sin antes discutirlo y razonarlo. El hombre activo carece de vida interior y suele tener una baja espiritualidad.
VIDA nació ante los problemas de la gente grande en una sociedad intensamente cambiante, hedonista, masificada e individualista, que ha perdido el sentimiento de solidaridad.
La mueve el amor al prójimo como fuente pura y auténtica de felicidad, capaz de dar verdadero sentido a la vida. Su lema es “Hacer feliz a los otros hace feliz a uno mismo” o como decía S. Francisco, es dando como uno recibe. Cree que el amor al prójimo es el fin de la vida y el medio de ser feliz.
La espiritualidad es la base o fundamento que anima y da sustento a su acción. Nos une el deseo de ayudar a otros-personas mayores- a solucionar sus problemas como medio de lograr la felicidad y la solución de los propios.

LA MEDITACIÓN

Finalidad

Uno de los grandes problemas de la vida es vencer nuestras tendencias negativas. A veces nos decimos: “El odio me carcome, el miedo continuo me quita las ganas de vivir, el deseo constante de comer me abruma, la soledad me entristece”. ¿Qué puedo hacer para superarlo? Es el drama al que se refería San Pablo, “No hago el bien que quiero y sí el mal que detesto”. ¿Cómo controlarlo? Se trata de suscitar o crear una tendencia artificial que sea constante y venza las otras negativas que me amargan la visa. Se puede lograr con la meditación, que forma parte de la espiritualidad

Se pretende:
1) Producir un autoconvencimiento, lograr clarificar una cuestión y afirmarse en un punto de vista. Para ello es necesario reflexionar sobre el tema y acercarse desde los más distintos puntos de visa. Cuestionarse todas las alternativas.
2) Potencializar una convicción de modo que sea fácil ponerlo en práctica, que pueda vencer sin gran esfuerzo las tendencias contrarias. Es decir, suscitar fuertes y permanentes impulsos que motiven a la acción.

Prácticas
Supone realizar tres prácticas:
a) Reflexionar sobre la cuestión hasta lograr el convencimiento deseado. La reflexión tiende a enfocar una conducta o situación desde todos los puntos de vista y particularmente desde sus causas y consecuencias, los distintos tipos en que se presente, sus ventajas, inconvenientes, dificultades, beneficios, etc
b) Visualización de la conducta que se desea obtener o practicar
c) Repetición lo más frecuente y larga de ella.

Un ejemplo
Odio a mi padre porque se portó mal conmigo cuando era joven, no me dejó casarme con la persona que amaba. No puedo perdonarlo y me hace mal este odio que quisiera no sentirlo.
1) La primara tarea es convencerme de un modo total y completo de que el odio a mi padre es malo, me hace mal. Debo reflexionar sobre los males que produce el odio, -conseciencias- cómo me daña y lo bueno de perdonar. Es una tarea intelectual. Es necesario encontrar todas las razones posibles para suscitar el convencimiento. Porque me ha nacido –causas- Por ende las ventajas, dificultades y como vencerlas, etc.
2) Una vez que esto se ha logrado y se está convencido de la conducta a seguir hay que fortalecer el deseo. Sé que debo perdonar, pero mi corazón se niega a hacerlo. Se trata de crear un sentimiento que me mueva al perdón no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente. Se trata de practicar visualizaciones. ¿Qué es visualizar? Imaginar la situación deseada lo más claro y nítida posible. Imaginarme que estoy frenre a mi padre y en vez de odio y repulsión siento afecto y compasión. Recuerdo lo bueno que fue conmigo, las veces que me ayudó y me hizo bien. Me veo abrazándolo y besándolo y advierto que me siento bien con él. Esta visualización debe ser mantenida un cierto tiempo para que se fije.

¿De qué depende el éxito? De estar relajado, del tiempo que se mantenga la imagen y de la cantidad de repeticiones. Coué enseñaba a repetir continuamente aunque no se pensara en ello, “Cada vez estoy mejor desde todo punto de vista”. Así se puede crear una tendencia o impulso artificial que comienza siendo pasajero –cuando uno toma una fuerte resolución- y luego se hace permanente, como si se naturalizara.

Condiciones
Un ambiente solitario y silencioso. Puede prescindir de él, pero el resultado suele ser menos fructífero
Un estado de relajación lo más grande posible
Hacer trabajar al principio a la inteligencia para clarificar las ideas y obtener un firme convencimiento racional. Cuando esto se ha logrado, movilizar la imaginación para que apoye a la razón.
Repetir la meditación todo lo que sea necesario
Proceso
1. Plantearse la cuestión a meditar
2. Buscar todos los datos necesario para poder resolver el problema. Se puede recurrir a lecturas adecuadas, a consejos o conversaciones con personas competentes.
3. Analizar pro y contra hasta convencerse lo más plenamente posible de un punto de vista. Tomar la resolución.
4. Relajarse entonces lo más posible.
5. Imaginarse en situaciones en las que se debe actuar como se ha resuelto. Verse actuando como se quiere.
6. Repetir la visualización todo lo necesario. Con el tiempo, lentamente se puede advertir que el impulso deseado comienza a aparecer de a poco.

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