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LA UTILIDAD, RASGO DE LA SOCIEDAD MODERNA Y OBSTÁCULO PARA EL DESARROLLO DE LA FILOSOFÍA

Por el Dr. Julio César Castiglione


La gran objeción contra la Filosofía

En el mundo moderno se mira con desdén y desprecio a la Filosofía. Hay varias razones que militan a favor de esta posición. Se sostiene, por ejemplo, que la Filosofía es un saber inútil y por añadidura abstruso. Se olvida, o mejor no se sabe que, como dice Popper, (p. 224) “todos los hombres y mujeres son filósofos, aunque unos más que otros” y que, por lo tanto, todos de algún modo y de cierta forma alguna vez hacen filosofía, mala, barata e inconsciente si se quiere, pero la hacen y creen y aceptan su propio punto de vista, que entonces, si les parece diáfano y correcto,
Son muchos los rasgos que caracterizan a la sociedad moderna, por ejemplo el rápido e intenso cambio, la secularización, el enorme desarrollo científico, etc. El que nos interesa y se pretende analizar ahora en relación con la Filosofía, es la importancia enorme que se le da a la utilidad, tanto que con frecuencia se caracteriza a lo inútil como totalmente privado de valor.
Es tan definitoria esta pauta que casi sería posible calificar a lo moderno unicamente con el rasgo de lo útil, por oposición a lo tradicional, donde abundaban no solo los saberes inútiles, sino también comportamientos de la misma especie.

Causas Sociales
Quizá la primera y fundamental causa del cambio es:
1) el nacimiento de la ciencia. Ella explica, por lo demás, la transformación de múltiples aspectos de la vida. El hombre moderno entusiasmado por sus logros, se ha desentendido del saber filosófico, que ha perdido el rango de un modo considerable. Ya no interesa “lo que es”, sino como lograr “seguridad, confort y tiempo libre”, (Habermas)
2) Con la sobrestimación de la tecnociencia se ha desvalorizado el saber teórico y, en particular, la Filosofía. El hombre moderno impregnado de utilitarismo es atraído solo por el saber práctico. El saber por el único placer de saber no le interesa. Dice con extrañeza el hombre actual, ¿por qué se estudia lo que no sirve? Resulta incomprensible a los oídos modernos escuchar que un saber inútil como la metafísica –y que para colmo no fácil de entender- pueda tener alguna importancia.
3) El pragmatismo se ha enseñoreado de tal forma, que parece haber creado una atmósfera casi universal en el sentido de identificar el valor con la utilidad. Lo que no es útil no sirve y por tanto no tiene valor alguno.
. Una cosa tan importante como el hecho de que los grandes descubrimientos de la ciencia teórica han vuelto posible los enormes avances técnicos, lo sabe cualquier experto, pero lo ignora el hombre común. El descubrimiento del principio de incertidumbre de Heinsemberg, como el de la relatividad de Einstein tuvieron una enorme utilidad y produjeron importantes avances técnicos, pero su búsqueda fue producto de la curiosidad, del deseo de saber y no de algún objetivo práctico. Algo semejante ocurrió con la ley de gravitación universal de Newton y en cierta forma con la penicilina efectuada accidentalmente por Flemming, producto en parte de la casualidad. Resulta claro que la utilidad es una consecuencia de la verdad y de su búsqueda de un modo desinteresado. Lo falso es lo que se debe desdeñar no por inútil, sino porque al no ser verdad normalmente es dañoso. A su vez, el saber interesado con frecuencia es miope, no ve más allá de sus narices, porque no persigue el panorama ilimitado del puro conocer, sino que está circunscrito por la sola obtención de lo útil, resultando por lo tanto de alcance mínimo y de escaso valor. En cambio, el saber por placer produce consecuencias tan sorprendentes como inesperadas.
Nora Bär, inteligente periodista encargada de la sección científica advierte, a su vez, citando a Jorge Baudino, sobre el error de creer que “La idea de que la cultura fundamentada en la búsqueda desinteresada del saber es la responsable de la escasa interacción entre la universidad y el sector productivo” (La Nación, “Horizonte bianual”, 24-8-05).

Causas ideológicas

1) El escepticismo metafísico, resultado del progreso científico.
2) Dinamismo ontológico. Siguiendo al marxismo y ante el intenso cambio social, el hombre moderno se ha convencido que todo cambia, nada permanece.
3 ) Irracionalismo. El hombre obra por sus sentimientos, su voluntad parece impotente.
4 ) Activismo. No se trata de conocer. Como dice Marx, “los filósofos han interpretado el mundo, lo que hay que hacer es cambiarlo”
Este conjunto de efectos ha contribuído para que se descrea de la capacidad humana de conocer la realidad o se pierda interés en ella, a lo que se ha unido el deseo moderno de vivir placenteramente.

Consecuencias

Las principales consecuencias que produce esta actitud supervalorativa de lo útil son las siguientes:
1)Se lleva una vida profundamente pragmática, lo que prodece graves consecuencias sociales. (Lahr II, p. 76 y sig)
2) Tiene lugar un desprecio por el saber teórico, en particular por la Filosofía, como es obvio por todo lo dicho. Su conocimiento es una pérdida de tiempo que no se justifica.
3) La armonía de la vida social se complica. Cuando la gente no cree en los deberes intrínsecos, sino sólo tiene por guía la propia utilidad no se pueden imponer obligaciones que valgan por sí mismas. Se corre serios peligros de rupturas en la armonía social. Ella exige un mínimo de desprendimiento, una cierta búsqueda del bien ajeno y del bien común. Y no resulta fácil justificar sacrificios en nombre de la utilidad.

Objeciones contra el espíritu utilitario

Lo primero que se debe advertir es que una sociedad inspirada fundamentalmente en la utilidad como valor supremo, corre riesgo de colapsar si el ideal se sigue con escrupulosidad. Solo puede alguien estar dispuesto a hacer sacrificios cuando hay buenas razones de creer que ellos permitirán obtener logros propios materialmente superiores, casos tan excepcionales, que en la práctica suponen la invalidez del principio.
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¿Pero, es realmente inútil la Filosofía?

Asi como para Aristóteles la Filosofía es inútil, para Piepper (p. 93) ella es un saber libre en el sentido de que es “inutilizable”, es decir, que no se deja utilizar y sacar de sí misma una aplicación inmediata, no puede ser utilizada para fines extraños a ella. No es un saber “útil”, sino “libre”, un saber no de funcionarios, sino de gentlemen. Por eso no recibe su legitimidad de su utilidad. No es que no exista relación entre la filosofía y el bien común, pero lo que es un fin en sí mismo no puede ser convertido en un medio para otro fin.
El gozo de conocer ha consolado a los pensadores de todos los tiempos maravillosamente de la miseria, de la mediocridad, de la incomprensión, de la contradicción, de la estulticia hostil. Muchas veces han aparecido como pobres, mezquinos, miserables, un tanto locos, despreciables; se los ridiculizaba y se los compadecía, pero su alma estaba iluminada y jubilosa. ¿Qué importa vivir en la penuria, ser incomprendido y oscuro, cuando se vive en el centelleo de la gran gloria que se eleva, aquí abajo, hasta el horizonte? . No hay duda que los griegos sentieron intensamente este goce y por eso se dedicaron con tanta pasión a su búsqueda., como Sócrates y luego Descartes, Kant, y tantos otros.
Por otro lado, hay cosas inmensamente valiosas que no proporcionan utilidad, por el contrario generalmente demandan gran trabajo como por ejemplo: tener hijos, gozar de la compañía de los padres, casarse –nadie se casa por la utilidad que puede prestar y, a veces, puede ser muy grande- amar a los demás, contemplar la naturaleza y las obras de arte y todo lo que ha hecho el hombre y puede ser materia de ella. Lo absurdo de los enormes precios de las obras de arte de Rembrand, Picasso, Van Gogh, etc. que se han vendido a muchos millones de dolares, es que no se compran para gozar con su contemplación, sino como un modo de inversión pecuniaria. Los altos precios no significan que se valore el arte, no se los adquiere por el goce que suscita su contemplación, sino para lograr prestigio y asegurar una inversión financiera.
Se puede preguntar, ¿para qué sirve una madre vieja y enferma? Solo para dar trabajo. Luego, ¿se practicará la eutanasia? ¡Dios nos libre! Es la gratitud y el amor lo que nos mueve a cuidarla y desear que viva y nos produce goce, no su utilidad.
Es cierto que casarse es útil. Para el varón le soluciona el problema sexual, tiene cocinera, lavadora y doméstica que le limpia la casa, etc. Para la mujer dispone de alguien que la proteja, le contribuya con la manutención, le evite hacer la plancha en una fiesta, etc. ¿Quiere decir que alguien se casa por eso? ¿O lo hacen porque se aman y desean gozar del placer de vivir juntos?.
Los hijos cuando crezcan seguramente podrán ser nuestro sostén, auxilio y protección, mientras en su niñez y adolescencia dan cualquier cantidad de trabajo. ¿Por qué se los desea tener? ¿Por su utilidad? Huelga la respuesta.
Quizá por esto, como sostiene Santo Tomás, se entiende la tesis medieval, que hoy parece tan absurda, de que es “necesario para la perfección de la comunidad humana que haya hombres que se consagren a la vida no útil de la contemplación”.

Conclusión
Se debe luchar contra la tendencia moderna a considerar a la utilidad uno de los mayores valores humanos, lo que mueve a desvalorizar la Filosofía, un saber fundamentalmente no útil, aunque de valor supremo, porque nos plantea los grandes problemas de la existencia de cuya solución dependerá nuestra vida.


 

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