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PROSTITUCION Y PROSTITUTAS

Por Eduardo José Maidana


 

La prostitución nunca fue un bien. E independientemente de la dignidad que es ínsita a la Persona Humana, a la mujer y en todos los tiempos le causó y le causa indignidad. Que se haya hablado del “oficio o profesión más antigua” como si hubiese una vocación especial de cortesana a la que son llamadas tal cual como si fuese la docencia, la abogacía o la vida reli giosa, no modificó nunca la situación de desdoro y marginalidad de la actividad y de disvalor de sus protagonistas.

Situación desde la cual araña hoy las paredes de su propio encierro y busca en lo social cam biar la historia para salvarse, no cambiando ella sino la mirada de los demás, es decir, invir tiendo el “yo y mi circunstancia” orteguiano gasta esfuerzos para que las circunstancias y cómo se ve su “actividad” sea la que cambien, en estos tiempos de socialismo político de utile ría, de puro verso, mediante la calificación legal de “ trabajadora sexual.”

Es la onda “progre”. En “Buenos Aires, capital de Venezuela” (La Nación, 20.03.07) la española Pilar Rahola que tuvo a las Madres de Plaza de Mayo por referentes, echa esta frase: “ Sabemos que una parte de la izquierda latinoamericana coquetea con el islamismo funda mentalista: los une el mismo odio a los valores de Occidente, y el mismo desprecio por la libertad.” Izquierdas y derechas extremas terminan uniéndose en su desprecio por la libertad para disentir.

Y se declara perpleja. El mismo pasmo sofoca cuando en nombres de los derechos humano se gestiona el estatus legal de lo que, más a la corta que a la larga y esa es la experiencia milena ria, despoja de cualquier derecho a la mujer, la convierte en mercadería, botín de tráfico mafio so y víctima de una esclavitud que apresura su decadencia final a manos de la enfermedad y del maltrato al que es sometida en cuerpo y alma.

El tema se esclarece cuando se separa a la persona-mujer y su libre albedrío disponiendo de sí misma en la privacidad de su vida, del hecho social y público: la prostitución, en la que ella es actora y, a la vez, es también objeto comercial o en alquiler. Que es el dato inmodificable. No es su saber u oficio el contratado sino su cuerpo. El dolor extraño brota en silencio de esa dife rencia. Asistido por la simpatía hecha pena o la tristeza mezclada con la ternura.

En una palabra ella es sujeto y objeto de tráfico comercial por su cuenta, (aún cuando la necesidad de un hombre que la proteja del abuso de quienes la alquilan la conduzca al rufián) o al mando servil de otro u otros. La denominación de ese tráfico como “trata de blancas” homologó, con indudable acierto, la condición de esclavitud de la prostituta con la de los afri canos robados y sometidos a la “trata de negros”. Quizás hoy las “divas” ejemplares para los medios, que exhiben un sancocho de promiscuidad y prostitución lleve a la confusión de creer que la “trata de personas” es distinta de la trata de blancas o de negros.

Paris-Buenos Aires-Argel, fue el triángulo siniestro de la “trata de blancas” hasta los años 30. En “Buenos Aires, vida cotidiana y alineación”, allá por los 60, Juan José Sebreli describe la “mala vida” de Junin y Lavalle, Suipacha y Defensa, y su deriva ya en el siglo XX hacia el puerto prostibulario de Barracas, la Boca con sus “chistaderos” , Pompeya “y más allá del terraplén”. En Rosario, el barrio Pichincha centralizaban los quilombos de 1 peso a 5 pesos. La carne humana eran jóvenes secuestradas o traídas con engaños o arrastradas por la miseria de la primera guerra

En la ciudad de Santiago y de la Chacabuco al norte entre andurriales y baldíos, se estiraba perezosa la aldea cobijando, aquí y allá, a las “casas de tolerancia”. En todo el país la policía era sostén y guardián de la actividad. Mujer que huía era perseguida y cazada por la policía y devuelta a su dueño. Una gran paliza para escarmiento y a la bolsa, de nuevo. Como en los algodonales y plantaciones de azúcar del sur norteamericano.

Los rufianes franceses trabajaban solos y no tenían organización y las prostitutas que explota ban eran las de más categoría; los polacos organizados en sindicatos bajo la máscara de socie dades de socorros mutuos de la colectividad judía: la Zwi Migdal con falsos rabinos y falsas sinagogas para engatusar a las jóvenes europeas con el casamiento prometido tenía 500 so cios, 2.000 prostíbulos y 30.000 mujeres en explotación. Los rufianes criollos “cafischos de café con leche” en la burla de los franceses, eran de poca monta. (Sebreli)

La política era parte de todo esto. El Gallego Julio y Ruggerito figuraron entre los rufianes criollos que asociaban la trata de blancas con el juego clandestino. Punteros de caudillos eran serviciales: almacenaban libretas de enrolamiento para las votaciones y, con la policía, triangu laban el soporte imprescindible para que la prostitución pueda funcionar, negocio que hoy mueve 32 mil millones de dólares por año en el mundo y en el que se incluye a la prostitución infantil. Es bueno decirlo para que los ingenuos sepan a donde se meten.

Una mujer es secuestrada por día en este país (diario Clarín, marzo 2007) y un grupo de legis ladores santiagueños no se ha pronunciado por esta tragedia, por el contrario, estudia la legali zación del “ trabajo sexual”, repitiendo el gesto de sus pares de la legislatura porteña en la mis ma dirección. ¿ Es una coincidencia fortuita o hay un “loby empresarial” (ya no serían rufia nes sino emprendedores y las mafias pymes) detrás de estas movidas con cara de inocencia?

El Dr. Santiago Corbalán informó la ley santiagueña que aquí abolió la prostitución legal y esa noche, su chofer don Bernardo Korman lo llevó a todo motor hasta “el chalet de Corba lán” de El Vinalar y por detrás sus amigos para protegerlo: erraron matarlo en pleno recinto. Lo dijeron en la vieja redacción de El Liberal en rueda evocativa. Hasta ahí llegaba a menudo, blanca la cabeza, charcón y con su sulky sobre ruedas de goma con cámara buscando jubilar se. Corrían los años 50.

Médico de gran prestigio y político de azarosas cruzadas. Pobre y solo. Más bien callado. De sonrisa y simpatía a flor de piel. El Dr. Chicho, un prócer lugareño por sus servicios y estatura moral. Radical de cien batallas, el peronismo naciente, el 31 de diciembre, lo montó candidato a gobernador y en el mismo acto, lo frustró definitivamente. Ha ocurrido muchas veces.

El negocio de la carne humana tiene una contra insalvable: la mercadería es perecedera. Po cos, a veces poquísimos años, y los cuerpos que ensanchan sus injurias, los encantos ajados bajo los afeites, el cansancio moral, las noches de insomnio, el rigor cruel del patrón rufián o la mutual que enmascara la vileza (hoy vendrían al pelo), la bestialidad bufando acosos ¡ ah el tango ! con la queja tardía, siempre lo es en ese mundo sórdido y triste: “

La cocaína se introdujo en los antros porteños en esos años 20. “ No se conocía cocó ni morfi na / los muchachos de antes / no usaban gomina”, lamenta el tango. Andan juntos: el juego, la droga, el alcohol y la prostitución. Los tres primeros se han instalado de Usuhaia a La Quiaca. Le corresponde a la trata de personas, dice el eufemismo en boga, el turno de ingresar al escenario para regresarnos cien años, un siglo atrás. ¿ Nos llegó la moda retro ? Podría barajarse que las factorías y colonias son propicias o bien, que las inmigraciones, como ocurrió entre 1890 y 1930 auspician las cuatro plagas en cuestión. La dirigencia que es contumaz con los negocios y mira para otra parte, recién se asusta con el agua al cuello.

Marzo 19, 2007.

 

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